martes, 11 de julio de 2017

GUS MORNINS 11/7/17

“La vida es como el jazz…es mejor cuando improvisas”     George Gershwin

No me dio tiempo a contestar a tu gus de ayer, Carpet, pero qué interesante todo lo que cuentas sobre Brian de Palma, recordemos, uno de los integrantes de esa generación que se dio en llamar "los nuevos cachorros" y de la cual formaron parte de Palma, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, William Friedkin, Peter Bogdanovich, Steven Spielberg, Philip Kaufman y George Lucas. Todos ellos tenían en común su juventud, sus ganas de hacer cine y el paso por la escuela de cine dando lugar a la primera generación de cineastas que eran titulados de  facultad, adoradores del cine clásico pero con muchas ganas de hacer cosas nuevas. Quizá la última gran generación de directores. Una gozada leer lo que contabas sobre uno de ellos.

La verdad es que me he pensado muy seriamente celebrar, como cada diez de julio, aquel gol de Iniesta que nos subió a todos a los cielos al ver en lo más alto a la selección española, pero para no ser políticamente incorrecto (ya se sabe, España, como palabra, está bastante prohibida) me he decidido a conmemorar el fallecimiento de uno de mis compositores favoritos puesto que hoy hace setenta y nueve años que nos dejó el gran, grande de verdad, George Gershwin.
La característica fundamental de un compositor de la talla de George Gershwin era que su formación musical era muy básica, por no decir nula. Se basaba ante todo en el hecho de que era un autodidacta que aprendió solo a tocar el piano y que, desde muy pequeño, con sus referencias musicales de la época, quería elevar el jazz a las salas de conciertos en formato de obras clásicas. Con dieciséis años comenzó a trabajar para una editorial de música como pianista, ejecutando las partituras que se editaban a los potenciales clientes para que se animaran a comprar ejemplares. Así es cómo se animó a componer sus primeras canciones. Algunas más conocidas (como Lady be good) y otras algo menos pero igualmente geniales. El caso es que la popularidad de las canciones de Gershwin fue en aumento hasta que Paul Whiteman, director de una orquesta de corte sinfónico, le encargó a Gershwin la composición de una pieza basada en el jazz para ejecutar en el Aeolian Hall de Nueva York. Así es cómo nació, en 1924, Rhapsody in blue. Durante mucho tiempo fue traducida en España como Rapsodia en azul, algo totalmente erróneo porque el blue del título hace referencia al ritmo del blues que, por lo general, es aplicado a un sentimiento de tristeza. O sea que, en realidad, el título sería algo así como Rapsodia a ritmo de tristeza. El éxito del estreno de esta pieza fue multitudinario y pasó inmediatamente a formar parte del repertorio de las más prestigiosas orquestas sinfónicas del mundo y de los mejores solistas de piano (la obra necesita de un auténtico virtuoso que domine perfectamente el tempo que necesita el jazz). El éxito de Rhapsody in blue fue tal que, enseguida, por encargo de la Filarmónica de Nueva York se le encargó a George Gershwin la elaboración de un concierto para piano.
A Gershwin se le presentaba una duda existencial. No tenía ni idea de en qué consistía un concierto para piano. Así que comenzó a estudiar los tratados sinfónicos que habían escrito grandes compositores. Le pidió a Stravinsky que le diera clases a lo que el maestro ruso le respondió: “¿Cuánto gana usted al año?”, Gershwin dijo: “200.000 dólares” y Stravinsky sentenció: “Entonces debería de darme clases usted a mí”. Sin desanimarse, Gershwin acudió a Maurice Ravel el cual le dio el mejor consejo posible: “No estudie usted, perderá toda su frescura melódica y comenzará a componer como Ravel. ¿Para qué quiere usted ser un mal Ravel cuando puede ser el mejor Gershwin?”. Así que después de empaparse de cuál era la estructura de un concierto, Gershwin se puso manos a la obra para dar a luz su Concierto en Fa para piano y orquesta también conocido como Concierto de Nueva York, estrenado en 1925 en Nueva York por la Filarmónica de Nueva York con Bruno Walter a la dirección y en 1926 en Europa por la Filarmónica de Moscú con Dimitri Shostakovich a la dirección.
Con el fin de impregnarse de nuevos sonidos, Gershwin comienza a viajar. Primero a Cuba donde se hace con unos cuantos instrumentos autóctonos y compone su Obertura Cubana en donde, también por primera vez, se incluyen instrumentos de percusión indígenas cubanos en una pieza sinfónica. Más tarde, viaja a París donde, por supuesto, compone la pieza sinfónica Un americano en París que estrena a su inmediato regreso a Nueva York. El “Genio de Tin Pan Alley” como se le conocía, compuso también la Segunda Rapsodia y los interesantísimos y muy breves Preludios para piano antes de acometer uno de sus mayores retos, la composición de la ópera negra Porgy and Bess.
La comunidad negra puso el grito en el cielo porque no creían que un blanco judío fuera capaz de captar el espíritu de su música a través de esta historia de marginados (la historia de amor entre un inválido y una prostituta de color) pero la sorpresa fue mayúscula cuando George Gershwin estrenó su obra y comprobaron que sí, que el tipo era una esponja y que compuso unas cuantas piezas que iban a quedar para siempre en el imaginario de la colectividad negra como si uno de ellos la hubiera compuesto. Ahí están temas inolvidables como Summertime, mil veces versionada, It ain´t necesarily so (que recientemente escuchábamos al piano con Jack Lemmon), I want to stay here o el bellísimo Bess, you is my woman now.
La ópera se estrena en 1935 y dos años después, mientras George Gershwin está actuando como solista y en plena ejecución de su queridísimo Concierto de Nueva York se le aprecian fallos de coordinación tocando el piano. En el médico, se le diagnostica tumor cerebral. Dos meses más tarde entra en coma y George Gershwin fallece a la tempranísima edad de 39 años.
Nos dejó muchísimas más cosas fuera del ámbito de las salas de concierto. Ahí están todas las canciones de la comedia musical Funny face, llevada al cine con Audrey Hepburn y Fred Astaire con el título de Una cara con ángel e, incluso, la historia de su vida fue llevada a la pantalla en 1945 en Rapsodia en azul, con Robert Alda, el padre de Alan Alda, consumado intérprete de piano en el papel del insigne compositor.
Ya sabéis que toca un vídeo para recordarle, ha sido difícil elegir pero aquí está. Es un poquito largo pero, si tenéis tiempo, os aconsejo que lo veáis si no lo habéis hecho ya. Es la transposición a dibujos que la Disney hizo con la Rhapsody en blue para la película Fantasía 2000 con los diseños del maravilloso Al Hirschfeld. Es una obra de arte.




Y como mosaico pues aquí está el “Genio de Tin Pan Alley” tocando el piano a cuatro manos con Fred Astaire bajo la atenta mirada de su hermano y letrista de muchas de sus canciones Ira Gershwin.





5 comentarios:

dexter zgz dijo...

No sé si celebrar un fallecimiento es una expresión muy afortunada. En cualquier caso mejor recordar a George Gershwin que aquel infausto gol de Andresito que tantas consecuencias nefastas trajo a nuestro país. Recordemos que por culpa de la hazaña del manchego, Sánchez Arévalo rodó "La gran familia española".

Capítulo primero. Él adoraba Nueva York. La idolatraba de un modo desproporcionado... no, no, mejor así... Él la sentimentalizaba desmesurádamente... eso es... para él, sin importar la época del año, aquella seguía siendo una ciudad en blanco y negro que latía a los acordes de las melodías de George Gershwin... eh, no, volvamos a empezar... Capítulo primero. Él sentía demasiado románticamente Manhattan. Vibraba con la agitación de las multitudes y del tráfico. Para él, Nueva York era bellas mujeres y hombres que estaban de vuelta de todo... no, tópico, demasiado tópico y superficial. Algo más profundo, a ver... Capítulo primero. Él adoraba Nueva York. Para él, era una metáfora de la decadencia de la cultura contemporánea. La misma falta de integridad que empuja a buscar las salidas fáciles convertía la ciudad de sus sueños en... no, no, no, suena a sermón. Quiero decir que, en fin, tengo que reconocerlo, quiero vender libros... Capítulo primero. Adoraba Nueva York, aunque para él era una metáfora de la decadencia de la cultura contemporánea. Qué difícil era sobrevivir en una sociedad insensibilizada por la droga, la música estruenduosa, la televisión, la delincuencia, la basura... uhm, no, demasiado amargo, no quiero serlo... Capítulo primero. Él era tan duro y romántico como la ciudad a la que amaba. Tras sus gafas de montura negra se agazapaba el vibrante poder sexual de un jaguar... je, esto me encanta... Nueva York era su ciudad y siempre lo sería.

Para qué añadir más?

Abrazos con fuegos artificiales

César Bardés dijo...

Tienes toda la razón. Donde dice "celebrar" debería decir "conmemorar" pero eso es lo que pasa cuando uno tiene muchas prisas. Tantas que no debería ni contestar a eso. Solo es que presupongo el hecho de que asumís que voy a toda leche y sin frenos. En cualquier caso, nos vemos en Manhattan.
Abrazos americanos.

Anónimo dijo...

Maño, qué picajoso estás!!
Gershwin es de esos personajes a los que doy gracias a los cielos por haber existido. Admás, después de saber todo lo que nos has contado de él todavía lo admiro más.

Besos in blue

low

Anónimo dijo...

Por cierto, un recuerdo para Elsa Martinelli que falleció ayer. Solo por haber participado en Hattari ya merece que la mencionemos.

low

Anónimo dijo...

Estoy contigo Low ...en todo, El Maño esta picajoso (yo diría que la edad hace mella en él) y tambien en recordar a Elsa Martinelli.

No hay nada como una gran banda sonora y el pedacito de Fantasía que nos has traido hoy es, sencillamente, sublime.

Gracias Lobo..again.

Besos fantasiosos.

Albanta