martes, 21 de marzo de 2017

GUS MORNINS 21/3/17

"Tardamos solo dieciséis días en rodarla, incluidas las tomas adicionales. Y en cada uno de sus fotogramas se intuía el dulce aroma del éxito"  W.S. Van Dyke a propósito de su película "La cena de los acusados"

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, con la excusa de que tal día como hoy hubiera cumplido nada menos que 128 años el director Woodbridge Strong Van Dyke, más conocido como W.S. Van Dyke, director de películas como Tarzan de los monos, primera aparición en la pantalla de un campeón olímpico llamado Johnny Weissmuller, o El enemigo público número uno, en la que figuraba aquella famosa escena de James Cagney estrujando un pomelo en la cara de una chica, vamos a recordar el exitazo que tuvo con la adaptación de El hombre delgado, de Dashiell Hammett que, de manera bastante incomprensible, en España se llamó La cena de los acusados.
El caso es que además de varias nominaciones al Oscar fue una de las sagas más memorables de los años treinta y cuarenta en el cine de Hollywood. Sobre todo porque la pareja protagonista, William Powell y Myrna Loy, desprendían una química que para sí quisiera cualquiera de los actores de hoy en día. Las complicidades del antiguo detective Nick Charles con su esposa Nora, podridos de dinero hasta la médula y que se metían a resolver misterios quizá para que su vida no fuera un continuo repaso de sus finanzas, llenó cines hasta la bandera e, incluso, llevó a una legión de fans a querer que Powell y Loy llegaran a ser pareja en la vida real (nunca lo fueron aunque sí fueron muy buenos amigos), algo que resultaba bastante escandaloso dado que, por la época, William Powell era el hombre más envidiado del universo al estar casado con Jean Harlow.
Al respecto hay una anécdota bastante divertida. Parece ser que después del estreno, esta legión de fans, entusiasmados con la complicidad y buen rollo que desprendían en la pantalla, quisieron meter a Myrna Loy en el mismo taxi que a William Powell a pesar de que estaban en distintos hoteles en Nueva York. Powell quiso dejarla en la primera esquina pero la muchedumbre que les acompañaba era tal que no tuvieron más remedio que ir al hotel de Powell y, claro, la invitó a subir a su habitación. Allí, naturalmente, estaba su mujer, Jean Harlow. Loy se quedó a pasar la noche.
Al día siguiente, la prensa sensacionalista no paró de perseguir a Jean Harlow durante todo el día. Cuando por fin la cazaron, le preguntaron cómo llevaba que su marido hubiera llevado a Myrna Loy a pasar la noche a su propio hotel con ella en la habitación. Harlow, que no era tonta, contestó:
- Fue maravilloso. Me senté con Myrna a charlar en el sofá. Y charlamos y charlamos y charlamos hasta que llegó el amanecer. Mientras tanto, Bill, se había ido a la cama y pasó toda la noche solo.
El caso es que la película obtuvo varias nominaciones al Oscar y el éxito fue tan arrollador que la segunda parte no se hizo esperar con el título de Ella, él y Asta. Un nuevo misterio para el matrimonio de los Charles que culminaba con el anuncio por parte de Nora de estar esperando un hijo. El nivel se mantuvo y siguió siendo una aventura igual de misteriosa y bienhumorada que la primera parte. Van Dyke estuvo de nuevo tras las cámaras y el éxito fue clamoroso. Tanto es así que se aplicaron en una tercera parte, esta vez sí algo más baja de nivel, Otra reunión de acusados aunque seguía sin bajar la guardia. Digna, aunque no es comparable a los dos primeras. La novedad, en esta ocasión, radicaba en que conociamos a Nick Jr., e incluso era víctima de un secuestro (muy breve y que no estaba demasiado relacionado con el caso al que se dedicaba el matrimonio Charles). Aunque con menos furor, seguía el éxito y Van Dyke se atrevió con la cuarta parte, un misterio muy bien tramado con el título de La sombra de los acusados. Es verdad que bajaron el tono del humor un poco y la sombra del éxito de El halcón maltés hizo que se acentuaran los matices más negros de la historia pero estuvo muy bien, algo mejor incluso que la tercera parte. Y Nora Charles, por supuesto, se integraba dentro de la trama criminal teniendo un papel muy importante en ella. Por aquel entonces, la guerra ya había estallado, y Van Dyke se alistó sin pensárselo dos veces con el grado de Mayor. Fue él el responsable del reclutamiento de Frank Capra, John Huston, Clark Gable o James Stewart, todos ellos en primera línea de fuego. Lamentablemente, dos años después, en 1943, a Van Dyke se le diagnostica un cáncer. Cuando el dolor le es insoportable, se suicida.
Pero la saga seguía siendo un éxito, así que otro director, mucho más mediocre, cogió aún el relevo de Van Dyke. Se trató de Edward Buzzell, que había dirigido, por ejemplo, Los Hermanos Marx en el Oeste si es que se puede decir de alguna manera que se podía dirigir a los Marx. En cualquier caso, dirigió El regreso de aquel hombre, en la que se nos presentaba a los padres de Nick Charles en unas vacaciones que el matrimonio se tomaba en la pequeña localidad en la que el célebre detective se había criado. Naturalmente, allí ocurre un crimen que involucra a un viejo amigo del colegio y Nick se pone manos a la obra para que, de una vez por todas, su padre pueda sentirse orgulloso de él. De mucho menor nivel, la película no obtuvo el éxito esperado. Se notaba la ausencia de la mano de Van Dyke, así que, aún así Hunt Stromberg, que era el productor de toda la serie, se atrevió con una última entrega, La ruleta de la muerte, algo mejor en cuanto a nivel pero que significó la despedida de estos maravillosos personajes, plenos de complicidad, de ternura, de buen humor y de inteligencia. La razón oficial, por supuesto, fue que tanto Powell como Loy estaban ya en una edad bastante curiosa como para seguir indagando misterios por ahí (desde la primera entrega habían transcurrido catorce años). De hecho, Powell siguió actuando en el cine poco más de diez años y espaciando mucho sus apariciones (recordemos el médico de Escala en Hawaii) y luego, se retiró con mucha clase porque no quería ser visto como un anciano paseándose por la pantalla. Loy aún nos regaló su maravillosa interpretación de Los mejores años de nuestra vida, de William Wyler y siempre contó con muchísima simpatía por parte del público hasta el punto de que se le hizo entrega, a los 88 años, de un Oscar especial por el conjunto de su carrera.
En cuanto a Nick y Nora Charles, siempre han permanecido ahí, con sus sempiternos Martinis en la mano, bromeando entre sí. Incluso en 2012 se anunció que se haría una nueva versión de La cena de los acusados con...Johnny Depp en el papel principal. Afortunadamente, se lo pensaron mejor. Ahí tenéis una muestra de los diálogos que salpicaron las seis entregas.
NICK: (A Nora, que pasa con una bandeja llena de Martinis) ¡Camarero! ¿Qué hay de esas copas?
NORA: ¿Por qué no vas a la cocina y las preparas tú mismo?
NICK: Abuelita....qué cubitos más grandes tienes...
Como muestra, allá va un vídeo para que podáis comprobar todo lo que construyeron dos enormes intérpretes con elegancia, naturalidad y buenas dosis de reírse un poco de sí mismos. Es un poco largo y hay algunos trocitos en inglés, pero merece la pena para intuir el buen rollo que había en esos rodajes.



Y de mosaico, como no puede ser menos, ahí están. Con toda su elegancia y amor. Yo, de mayor, quiero ser Nick Charles.




1 comentario:

CARPET_WALLY dijo...

Gran gus de ayer sobre la marcha, Dex, que lo de Chuck nos pilló de improviso en plena fiesta de...No sé en realidad porqué fue fiesta en Madrid, pero el caso es que no hicimos ni el huevo. Tampoco tenía el cuerpo para mucho, las cosas como son que aprovechando el domingo terminé a las mil (creo que ya había amanecido) y teníamos invitados a comer.

Porque no es justo, ni está bien planteado, fiestas pa tos o pa nadie, pero esto de que en un sitio si y en otro no está muy mal. Como digo nos acostamos muy, muy tarde...y a eso de las 9:00 suena el teléfono (llevaría dos horitas de reparador sueño), lo cogí y era una muchacha, maña para más señas, que lleva un par de meses intentando venderme unas cajas de vino....En fin, sólo diré que el hecho de no tener en cuenta los calendarios de cada comunidad autónoma y las fiestas locales le ha hecho perder un cliente de por vida.

Y hoy el Lobo nos aparece con el hombre delgado, con cenas de acusados, con Myrna y con William…todo un gustazo. Hay que decir que no sólo propiciaron la saga que tan sabiamente, como siempre, nos ha relatado el Lobo, sino que dio lugar a un par de películas, comedietas sin trascendencia, de las que no recuerdo ni el título, sobre parejas cinematográficas que públicamente son perfectas y que sin embargo se odian a muerte. Esas películas jugaban con la incongruencia de esa química perfecta en pantalla que hacía que el público les tuviera por eternamente enamorados y entre bastidores se lanzaban pullas sin cuartel. La cosa terminaba como era de prever, con aquello de que del amor al odio hay sólo un paso, pero al revés, lo que empieza como un rechazo absoluto hartos de interpretar el papel de cariño y buen rollo frente a los demás, se va convirtiendo en amor sincero una vez que se libran de la esclavitud de fingir. En fin, lo mismo Bardés se acuerda de los títulos que yo he olvidado.

El caso es que ciertamente entre la Loy el Powell no hubo ese problema y es cierto que las películas fueron y son deliciosas, sobre todo las dos primeras de la saga.

Que paséis buen día y feliz resaca, si vosotros también la tenéis.

Abrazos agudos.