martes, 14 de marzo de 2017

GUS MORNINS 14/3/17

“La primera escena que hice para el cine fue en la película Zulú y era una larga toma en la que cabalgaba solo de vuelta al campamento tras una jornada de caza. Tenía que bajar por la ladera de una colina y todo iba bien hasta que el caballo descubrió su propia sombra. Se asustó tanto que rodamos los dos colina abajo. Yo me había lastimado en la espalda y la escena tenía que hacerse aquél mismo día antes de que se fuera la luz, así que mi debut en el cine no lo hice yo mismo sino un doble llamado Ginger. Al día siguiente, no fue mejor. Tenía que guiar el caballo por el borde de una pequeña cascada de unos dos metros de altura. El caballo y yo estábamos tranquilos pero cuando la cámara comenzó a moverse para hacer una panorámica, sus piezas de metal brillaron a la luz del sol y otra vez el condenado hijo de la sabana africana se encabritó. Por eso, los caballos y yo nunca hemos sido buenos amigos”. (Michael Caine)

Sí, porque hoy en el gus estamos de fiesta. Cumple años nuestro querido y largas veces elogiado Michael Caine. El año pasado, con todo el atrevimiento y ya que soy seguidor suyo en twitter, tuve la osadía de desearle un “happy birthday, Mr. Micklewhite. With all my admiration”…. ¡¡¡y me contestó!!! Es verdad que fue con un escueto: “Thank you, my friend” pero, caramba, me contestó Sir Michael Caine, ahí es nada. Ahora, supongo que entre la edad y los compromisos, ya apenas mueve su twitter pero ha estado bastante activo, poniéndonos al día si estaba rodando con Nolan Interstellar y que estaba trabajando muy a gusto con McConaughey…ni un solo comentario negativo. Nada. Eso da una medida de lo caballero que es. Dentro de poco estrenará película con papel protagonista (después de dejarnos aquella La juventud, de Sorrentino, muy criticada en algunos círculos pero que a mí, personalmente, me parece mucho más interesante que La gran belleza, por ejemplo) y creo que es un atraco que perpetra al lado de Morgan Freeman, con el que ya coincidió en las dos partes de “Ahora me ves”.

El caso es que puede decirse que el fino sentido del humor lindante con la ironía hasta en el más serio de sus papeles es una de las mayores virtudes de este pedazo de actor. Tiene una economía gestual apabullante, pero la utiliza con una enorme inteligencia, al igual que aprovecha al máximo esa blefaritis que mantiene sus ojos hinchados de forma permanente.

Una de sus maravillosas capacidades interpretativas es que es capaz de imitar cualquier acento con enorme facilidad. Es capaz de hablar en el más perfecto inglés neutro, en el peor acento cockney (para que nos hagamos una idea, si la frase es “Do you want to drink a glass of water?”, un cockney pronunciaría “´u iu uon ta drin e glass of wa´er?”) o en el más auténtico inglés americano, australiano o sudafricano, lo cual le ha hecho ser enormemente versátil en cualquier papel. Si queréis una muestra de ello, solo tenéis que ver La huella en versión original para recrearos con su enorme trabajo vocal.

Nadie más que él podía dar vida al agente secreto Harry Palmer, una especie de antítesis de James Bond, y cuya mejor muestra es esa película de espías apasionante que es Funeral en Berlín y que pone de manifiesto que un ex ladrón como Palmer tiene más honestidad que los jefes del espionaje británico.

Uno de los arquetipos que mejor interpreta es el del tipo irónico y agudo, como el soldado Tosh de Comando en el mar de China, o el homosexual que acompaña a su mujer, Maggie Smith, actriz de profesión a la ceremonia de entrega de los Oscars en California Suite o, desde luego, al caradura de Alfie que, según él mismo, es un personaje que le ha servido para viajar en taxi gratis en muchas ocasiones porque los taxistas consideraban un honor llevar en sus vehículos al mayor conquistador de Inglaterra.

También ha destapado en varias ocasiones su lado más oscuro como en Sangre y vino,  la brillante y muy desconocida Ejecutivo ejecutor (siempre me ha gustado esa escena en la que está en una ventana, rumiando como destrozar a su más directo competidor para hacerse con un puesto superior en una multinacional y, sin casi quererlo y con su mirada llena de confianza dice aquello de “Bobby du….Bobby da…¡bum!” en referencia al nombre del desgraciado), o Vestida para matar, de Brian de Palma.

Sería injusto no destacar el inmenso trabajo que realiza en El hombre que pudo reinar, de John Huston, un viejo proyecto del gran maestro que quiso hacer en los años cincuenta con Humphrey Bogart y Clark Gable en los principales papeles hasta que todo hubo de suspenderse por la enfermedad que se llevó a Bogart a la tumba. A principios de los setenta, se le vuelve a presentar la oportunidad de llevarlo a cabo y quiere a Paul Newman y Robert Redford hasta que le hace llegar un guión a Newman y le conmina a que se olvide de ellos y contrate a dos actores británicos. Huston le pregunta: “Sí…pero ¿quién?” y Newman le dice: “Connery y Caine, por supuesto”. Así nace una de las más grandes películas de aventuras (y también más tristes) que nos ha dejado un buen montón de cicatrices de buen cine.

Hay otra joya que interpretó al lado de Omar Sharif, ambientada en el Medioevo, en la que se mostró especialmente sanguinario. Se trata de El último valle, una excelente película, también muy desconocida, que nos descubre a Caine como un señor de la guerra para el que la vida humana no tiene mayor sentido que el larguísimo conflicto en el que está metido.

Su primer Oscar, todos los sabéis, es por esa joya de Woody Allen que se llamó Hannah y sus hermanas. Su interpretación del hombre moderno, angustiado por sobrepasar la edad madura y que se lía con la hermana de su propia esposa es todo un compendio de drama y comedia y sabe, como nadie, expresar lo efímero de las relaciones porque se da cuenta de que cuando alguien abre, pétalo tras pétalo, tu propio ser, nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.

Y también nos descubrió las maravillas de Río de Janeiro en esa comedia que fue un completo fracaso y que, sin embargo, es estupenda como Lío en Río, canto del cisne de Stanley Donen y que nos hizo ver con claridad que no es lo mismo encontrar un paraíso virgen que una virgen en el paraíso. Al fin y al cabo, las vergüenzas se pueden tapar con un montoncito de arena.

También puso ritmo, gracia, mímica y vasos llenos en la maravillosa ¡Qué ruina de función!, de Peter Bogdanovich, otro fracaso de los grandes que ni siquiera llegó a estrenarse en cines en Europa, toda una crónica de las inseguridades que rodean al negocio del espectáculo cuando el éxito o el fracaso depende de los propios actores y de su atribulado director. Además de eso, muchas otras que forman parte de nuestro imaginario personal: El cuarto protocolo y La sombra del delator, ambas de espionaje; Salvaje y peligrosa, terrible acercamiento al mundo de la pareja al lado de Elizabeth Taylor; Dulce libertad, una comedia deliciosa de cine dentro del cine al lado de Alan Alda, Lillian Gish, Michelle Pfeiffer y Bob Hoskins; su extraordinaria interpretación de El americano impasible, enorme como el periodista que disfraza de espionaje un crimen pasional; Educando a Rita, tratando de inculcar cultura a Julie Walters mientras se deshace en un mar de alcohol…

Y fue asesino profesional embarcado en una venganza personal contra la Mafia en Asesino implacable, y un enorme profesional como el Capitán Steiner de Ha llegado el águila, de John Sturges, llegó a una estatura impresionante gracias a él y a su desprecio por el Tercer Reich aunque muera por él; y se desenvolvió bien allá por donde pasó. También tuvo problemas con el alcohol (lo ha reconocido públicamente) llegándose a beber dos botellas de vodka diarias. Tanto es así que, por ejemplo, en el rodaje de una película titulada El molino negro, al lado de Don Siegel, no recuerda absolutamente nada, ni siquiera recuerda haber trabajado nunca con Siegel porque estaba total y absolutamente borracho.

No podría dejarle sin hacer referencia a su segundo Oscar, Las normas de la casa de la sidra, una auténtica delicia en ese papel de médico enganchado al éter como única evasión del horror que le supone practicar abortos solo para salvaguardar la vida de mujeres que, de todas formas y de no ser por él, tendrían que ir a algún sitio mugriento con tal de solucionar sus embarazos no deseados. Una gozada que, al mismo tiempo, nos muestra a ese padre preocupado por su homérico hijo que debe aprender que las normas, aunque sean morales, no pueden ser seguidas siempre, sin excepción. Estremecedor también como el hombre, destrozado por dentro, que llora desconsoladamente detrás de la puerta después de comunicar a los niños de orfanato que un compañero ha sido adoptado cuando, en realidad, ha muerto. O, en definitiva, como ese actor como la copa de un pino que con su voz prodigiosa, llena de sentimiento y amor hacia la infancia, todas las noches, desde la puerta del dormitorio, les da una pizca de triunfo, un puñado de cariño y una pequeña esperanza a los huérfanos con su muy especial despedida: “Good night, you, Princes of Maine; you, Kings of New England”. Y los niños ríen, ríen hundiendo su cabeza en la almohada; regocijados y sedientos de ilusión, con un pequeño triunfo en sus sueños.

Quiero dejaros aquí un vídeo, una pequeña muestra de Funeral en Berlín, que muestra el desprecio que siente por sus superiores (recordemos que Palmer es reclutado porque es un ladrón al que se atrapa y se le da a elegir entre servir al MI-6 o la cárcel) y la gozada que es escuchar a estos actores en inglés con el detalle del leve acento cockney que le pone Caine como corresponde a un tipo que ha pasado de los bajos fondos al alto espionaje, algo que, en el fondo, no posee ninguna diferencia.





Magistral en su hieratismo, de mirada de serpiente y sonrisa viperina, cínico y sabio, caballero del cine, príncipe de salas oscuras. Que cumpla muchos, muchos más, Mr. Micklewhite.






6 comentarios:

dexter zgz dijo...

A mí, al principio no me caía bien Michael. Era precisamente su mirada de serpiente y su sonrisa viperina, su rostro hierático lo que me irritaba de él. De repente cambié de opinión, y sin necesidad de que nadie me metiese una cabeza de caballo entre las sábanas ni nada por el estilo.

Debió ser quizá tras verle en "Hannah y sus hermanas", esa joya como tu dices del amigo Woody. El caso es que hoy ver que su nombre está en el reparto de una película es un aliciente casi inexcusable para ir a verla.

No me sorprende además que te contestara a tu felicitación de cumpleaños ahora que lo pienso. Debe ser un tío bastante cercano y afable. Hace años llamó al programa de Pumares una señora que resultó que había trabajado durante años como "nanny" en casa de los Caine. Contó maravillas de este señor, fue una conversación bastante agradable y Pumares no gritó ni se exaltó y siguió el relato embobado y con gran interés. Como todos sus oyentes.

Me encanta el discurso de agradecimiento por su segundo Oscar que reprodujiste aquí hace unas semanas.

Abrazos con sonrisa viperina

Anónimo dijo...

Qué buen artículo, pedantón. A mí me impactó hace muchos años su papel en Vestida para matar y me encantó en El americano impasible y en Las normas de la casa de la sidra. Yo creo que la elgancia es un don innato, y este hombre tiene ese don a raudales. En el terreno personal me gusta su historia de amor con su actual mujer con la que lleva ya un montón de años después de enamorarse de ella cuando la vio por primera vez en un anuncio.

Kisses

low

CARPET_WALLY dijo...


Desde que yo recuerdo...siempre me gustó Michael Caine. Yo no sé cuando fue la primera vez que le vi, quizá en "Comando en el mar de China", de esa si que tengo un recuerdo imborrable y ese zig zag final con Clift Robertson, donde me decía a mi mismo, si tiene que morir alguno que no sea el rubio, por favor.

Luego ya con "El hombre que pudo reinar" llegó a estar en mi top particular. Y allá donde aparece, hasta en la más cutre de las películas (que las hay y no pocas) disfrutop de cada momento suyo en pantalla. Es un tipo que no le ha hecho ascos a nada, comentaba alguna vez que hizo una secuela de "Tiburón", concretamente "Tiburón 3, la venganza" y decía que no la había visto nunca pero todos le comentaban que era terrible y que como había caído tan bajo de participar en un engendro así, el contestaba que con lo que ganó en esa película se había comprado una casa maravillosa y confirmaba "la película será fácilmente olvidable, pero la casa sigue en pie". Por ese motivo no ha dudado en participar hasta en películas de Steven Seagal...que eso ya es la bomba.

Y luego es un tipo que, muy inglés, siempre cuenta cosas divertidas. En una entrevista a propósito de "La juventud" donde interpretaba a un director de música que se negaba a dirigir un concierto homenaje a la Reina de Inglaterra, le preguintaban que opinaba de Isabel II, muy diplomático decía que no podía decir nada malo de ella porque le había nombrado caballero de la corona, pero que precisamente cuando le puso la espada en el hombro para hacerlo, la reina le dijo: "Señor Caine, tengo la sensación de que usted lleva toda la vida haciendo lo mismo" y el fue a contestar : "Exactamente la misma sensación que tengo yo sobre usted"...Pero no lo hizo porque pensó que con la espada en el hombro lo mismo le hubiese cortado la cabeza.

En fin, un monstruo, hay que recordar que en los 80 el grupo Madnes compuso una canción homenaje para el titulada precisamente asi: Michael Caine. Os pongo el video.


https://www.youtube.com/watch?v=bZbUJC4h1ZU


Abrazos seductores

Anónimo dijo...

Uno de los tipos en los que a la elegancia le gusta personificarse.

Gran papel en Las normas de la casa de la sidra, en el libro, el personaje que interpreta Caine está mucho más desarrollado y es una pena que no se le diera la luz que merecía en la película, aun así, el lo hizo grande.

Felicidades Sir Cainte.

Abrazos admiradores.

Albanta

INDI dijo...

Micahel Caine, todo elegancia y saber estar. Es uno de ésos actores que en la mayoría de las veces está por encima de la película.

Hace unas semanas le vi en "Harry Brown" Quizás la película no haya pasado a la hostoria del cine, pero Caine está magistral. Grande.

Como grande es el gus de hoy.

Abrazos señoriales

INDI dijo...

os juro que yo escribí "historia" y no "hostoria".

(el sindrome "Low" se expande)