jueves, 10 de diciembre de 2015

Gus mornins, 10/12/15

Guuuud mornins, cinéfilos.

Jueves 10 de diciembre. Sí, ya es jueves por fin, jolín, vaya semana, ya podían ser todas así. Bien, hoy celebramos el Día Internacional de los Derechos Humanos, y es que en 1948 en París, la ONU aprobó la Declaración Universal de estos Derechos. Ciertamente, no sé si hay que celebrar algo, hoy en día el logro de estos derechos sigue siendo una quimera en muchos lugares. Y no hace falta irse muy lejos; derecho a una vivienda, derecho a una educación, derecho a un trabajo. Yo no sé estos que se presentan ahora a los debates sabrán de qué hablo. Y no sé si habrá que reformar la Constitución, pero antes de eso, no estaría de más empezar a cumplir la que tenemos.

En fin, no hagamos mala sangre que me conozco. Vamos con otro tipo de celebración. Porque la semana pasada llegábamos a los 80, ayer cumplimos los 99 y hoy nos ponemos a 100 directamente. 1915 fue un gran año que vio nacer a Orson Welles, Billy Holiday, a quienes ya hemos recordado, y a nuestro prota de hoy. El sábado próximo se cumplirá el centenario del nacimiento de Francis Albert Sinatra, Frankie, Blue Eyes,  La Voz (bueno, no exactamente Antonio Orozco ni Bisbal). Muchos nombres para definir al más grande, sin duda. Más allá de tecnicismos, su voz profunda próxima al bajo barítono es de esas que te llevan a la luna, te trasportan a la luna, te hacen volar y sentirte en la cima de la colina, the top of the tops. Por si fuera poco, no era mal actor y hasta tiene un Oscar y todo.  A Frankie le perdonamos todo, su coqueteo con las mujeres. O con la Mafia. O que dijera que “Something” era la mejor canción de Lennon y McCartney. O que pasase a la historia como el primero que cantó “New York, New York” y la pobre Liza a dos velas. Por cierto, no sé si a este paso veremos algún día el biopic prometido por el Cejas con Leito de protagonista. Hay un problema, que a Frankie lo pinchamos el otro día para celebrar los 800 guses, pero espero que me permitáis volver a hacerlo hoy. Que 100 años no se cumplen todos los días. Una voz y una melodía eterna, ideal para disponernos a cruzar a media mañana un puente lleno de espías. Nos vemos.

MOONLIGHT SERENADE
Frank Sinatra

I stand at your gate and the song that I sing is of moonlight
I stand and I wait for the touch of your hand in the June night
The roses are sighing a Moonlight Serenade.

The stars are aglow and tonight how their light sets me dreaming.
My love, do you know that your eyes are like stars brightly beaming?
I bring you and I sing you a Moonlight Serenade

Let us stray till break of day in love's valley of dreams.
Just you and I, a summer sky, a heavenly breeze kissin' the trees.

So don't let me wait, come to me tenderly in the June night.
I stand at your gate and I sing you a song in the moonlight
A love song, my darling, a Moonlight Serenade.

SERENATA A LA LUZ DE LA LUNA
Frank Sinatra

Estoy a tu puerta y canto una canción a la luz de la luna 
Me paro y espero el contacto de tu mano en la noche de junio 
Las rosas son un suspiro Serenata a la luz de la luna. 

Las estrellas brillan y esta noche como su luz me hace soñar. 
Mi amor, ¿sabes que tus ojos son como estrellas brillantes? 
Las traigo y te cantan una serenata a la luz de la luna 

Vamos a llegar hasta el alba en el valle del amor de los sueños. 
Solos tú y yo, un cielo de verano y una brisa celestial que besa los árboles. 

Así que no me dejan esperar, ven a mí con ternura en la noche de junio. 
Yo estoy a tu puerta y te canto una canción a la luz de la luna 
Una canción de amor, mi amor, una serenata a la luz de la luna.



EL MOSAICO DE HOY




1 comentario:

César Bardés dijo...

Cuando Frank murió, el Empire State se iluminó de azul. Siempre se me quedará la frase que dijo mi madre cuando murió: "Hay voces que nunca deberían morir". A ella le encantaba cómo cantaba. De hecho, mi madre fue una privilegiada (no sé si ya he contado esto alguna vez) porque hay un mítico concierto celebrado en el desaparecido cine-teatro Carlos III de Madrid en el que actuaba Lionel Hampton. Mi padre era un loco del jazz y se lanzó a verlo con mi madre. Allí que se fueron. Cuando el concierto tocaba a su fin, Lionel lo paró todo y dijo que allí, en primera fila, estaban Cary Grant, Sophia Loren y Frank Sinatra (entonces en pleno rodaje de "Orgullo y pasión" en las cercanías de Madrid con Stanley Kramer). Mis padres lo vieron desde arriba porque, por supuesto, eran las localidades más baratas. El caso es que Lionel, ni corto ni perezoso, conminó a Frankie a que subiera al escenario y cantara dos canciones con la orquesta. Y así mis padres (junto a otros ochocientos afortunados que estaban allí) fueron los únicos que pudieron ver a Frank Sinatra cantando en España en la plenitud de su forma. Sí, ya sé que en los ochenta vino al Bernabéu pero ahí ya estaba cascado y ni siquiera llenó porque la entrada más barata eran 10.000 pesetas de las de entonces. Ellos siempre recordaron ese concierto con un cariño singular. Hace poco, cayó en mis manos un libro que se llama "La cultura, todo lo que hay que saber" de Dietrich Schwanitz y, para mi sorpresa, el concierto de Lionel Hampton en el Carlos III viene reseñado como uno de los acontecimientos culturales más importantes en la España franquista porque, por primera vez, un artista de jazz venía a la dictadura y abría unas puertas desconocidas hasta entonces. Cosas de la historia.
En cuanto a Frank...sí era buen actor, sí. Tiene su Oscar al secundario por "De aquí a la eternidad" pero también tiene peliculas muy, muy apreciables (a pesar de que, en muchas ocasiones caía en la autocomplacencia de hacerse una película para él y sus amigotes). Ahí están las dos películas del detective Tony Rome de Miami Beach "Hampa dorada" y "La mujer de cemento", o la maravillosa de verdad "Como un torrente" junto a Dean y Shirley, o su única incursión en el campo de la dirección con una fábula bélica titulada "Todos eran valientes", o la mejor que hizo con su pandilla como fue "La cuadrilla de los once", o su "Pal Joey" atrapado entre Kim Novak y Rita Hayworth, o sus tempraneros bailes al lado de Gene Kelly en "Levando anclas" y "Un día en Nueva York" (yo que fue su gran mérito saltar de un cine musical que parecía condenarle a ser un actor dramático más que destacable), o su inolvidable "Adelaide" de "Ellos y ellas", o como el Mayor Bennet Marco de "El mensajero del miedo", o como ese preso que se redime intentando salvar a unos niños de una isla en medio de la erupción de un volcán al lado del cura Spencer Tracy en "El diablo a las cuatro", o...
Frank, te echamos de menos.
Un abrazo desde Nueva York.