lunes, 23 de noviembre de 2015

Gus mornins, 23/11/15

Guuud mornins, cinéfilos.

Lunes 23 de noviembre. Pues fíjate que yo hoy no quería empezar la semana hablando de “clásicos” por aquello de no herir susceptibilidades más que nada. No obstante, si el viernes despedíamos el gus con uno de los grandes genios del cine y de la nouvelle vague, hoy tenemos que hablar de otro. Porque un 23 de noviembre de 1995, hace justamente hoy 20 años, nos dejaba para siempre Louis Malle. Nos dejaba huérfanos de su cine, dejaba viuda a la bella Candice Bergen- qué guapa me pareció siempre esa mujer. Uno de los grandes nombres del cine europeo y mundial que merece el mayor de los respetos.

Es que merece mucho respeto esa pandilla de locos que un buen día decidieron dejar la pluma – estilográfica- y las  máquinas de escribir para lanzarse a la calle con una cámara para rodar la vida, un grupo maravilloso, a pesar de que no trago ni a Godard ni a Resnais, que son unos plastas, y a Chabrol solo los martes y los jueves. Más en el caso de Malle, hijo de una familia acomodada de ricos industriales, que pronto se convertiría en azote de la burguesía de su tiempo con su cine, con un estilo elegante y pulcro además. Al contrario que Truffaut – no me consta que tuviera buena o mala relación con él; eso se lo dejo al otro C.B- que creció en un ambiente hostil. Al contrario que Truffaut, que plasmó su infancia ya a las primeras de cambio, Malle necesitó toda una vida para regalarnos su auténtico testamento cinematográfico. Y a pesar de que “Les 400 coups” supone el pistoletazo oficial de la nouvelle vague, hay que recordar que él empezó a rodar antes.
Había comenzado como ayudante nada menos que de Bresson y camarógrafo en los documentales submarinos de Cousteau. Su debut se produjo con  la inmensa “Ascensor para el cadalso”, que es casi como un cuento de Cortázar con la música celestial del mago Davis de fondo. Le seguirán trabajos tales como la impresionante y desoladora “El fuego fatuo”, la divertida y naif “Zazie en el metro” o las provocadoras “Le souffle au coeur” o “Lacombe Lucien”

A mediados de los 70 se va a Estados Unidos para dejarnos entre otras cosas la magistral “Atlantic City” que nos deja la imagen eterna de Susan bañándose en limones ante la libidinosa mirada de Burt. Después volverá a Europa donde continuará su carrera hasta su temprana muerte a los 63 años – qué pronto se nos fueron Louis y François. Con la estilizada “Herida”, con la buñueliana y delirante “Milou en Mayo” o con la profunda y emotiva “Vania en la calle 42”.

Y por supuesto, “Au revoir les enfants”. Os voy a confesar que yo no soy muy de llorar en el cine. Me emociono mucho, me encorajino, lloro por dentro, sí, pero lo que es derramar lágrimas nada. Pues bien, esta película siempre me pone el nudo en la garganta y lloro como una magdalena cuando llega ese final. Ya os dije que Malle se pasó toda la vida queriendo hacer esta película, pero no pudo. Os diré que el protagonista, Julien, es evidentemente, él mismo, pero que la relación con el compañero judío no fue exactamente cómo se nos cuenta en la peli. Al parecer, al joven Louis le tocaba bastante las narices que un recién llegado a su colegio fuese más listo y más inteligente que él. Sin embargo, cuando pasó lo que pasó, a Malle le entraron muchos remordimientos por no haber tenido una relación más cálida con el muchacho, por haber perdido la oportunidad de brindarle su amistad. Es por eso por lo que yo creo que le costó hacer tanto esta película, quitarse esa espinita.

Una de las películas de mi vida.

Una OBRA MAESTRA y un monumento al humanismo.

Y estos días, tan convulsos y emotivos, he pensado mucho en esta película y en el mosaico que os dejo. Adiós muchachos, hasta mañana.

TOI ET MOI
Charles Aznavour

Toi et moi
Deux cœurs qui se confondent
Au seuil de l’infini
Loin du reste du monde
Haletants et soumis
A bord du lit
Qui tangue et va
Sous toi et moi

Toi et moi
Libérés des mensonges
Et sevrés des tabous
Quand la nuit se prolonge
Entre râles et remous
Nos songes fous
Inventent un nous

Entre chien et loup dans nos rêves déserts
L’amour a su combler les silences
Et nous, ses enfants nus, vierges de nos hiers,
Devenons toi et moi, lavés de nos enfers

Porte-moi
Au delà des angoisses
A l’appel du désir
Du cœur de nos fantasmes
Aux confins du plaisir
Que Dieu créa
Pour toi et moi

J’étais sans espoir, tu as changé mon sort
Offrant à ma vie une autre chance
Les mots ne sont que mots, les tiens vibraient si fort
Qu’en parlant à ma peau ils éveillaient mon corps

Aime-moi
Fais-moi l’amour encore
Encore et parle-moi
Pour que jusqu’aux aurores
Aux sources de nos joies
Mes jours se noient
Dans toi et moi. 

(Subtitulado en el vídeo)


EL MOSAICO DE HOY




2 comentarios:

César Bardés dijo...

"Yo soy la nouvelle vague", proclamaba orgullosamente Louis Malle para eterna ofensa de sus compañeros...
Lo cierto es que es verdad que la "nouvelle vague" adquiere carta de naturaleza con "Los cuatrocientos golpes", del amigo François pero quien primero rueda con las premisas propias de esa generación fue Louis Malle con "Ascensor para el cadalso", otra obra maestra.
Es cierto que "Adiós, muchachos" fue una forma que tuvo Malle de ajustar cuentas con su pasado y que la película es maravillosa, una de esas que se dirige directamente hacia el corazón. Y también, por qué no decirlo, una forma de expresar la rabia infantil de Malle contra la invasión nazi. Siempre he creído que la "nouvelle vague" eran Truffaut, Malle y Rivette, los tres mejores. A Godard, bien lo sabéis, nunca le he aguantado. Chabrol...bueno...es que ese de "nouvelle vague" tenía más bien poco a pesar de que "reputadísimos críticos de blog y cátedra" se empeñen en ponerlo ahí y en un lugar destacadísimo además. Rohmer yo creo que cogió algunas de las cosas de "nouvelle vague" e hizo otra cosa, más basada en el diálogo un poco divagante y claramente sensual. Desde luego, eran unos chicos de aúpa, "enfants terribles" del cine y han marcado la historia como muy pocos han sabido hacerlo.
Ole el gus, Dex. Con sentimiento y oportunidad. Fantástico.
Abrazos desde el colegio.

CARPET_WALLY dijo...

Yo también tuve un compañero judio en el colegio, lo que en aquella época era verdaderamente una cosa extraña, el único que no daba religión de un colegio público con grandes raices católicas por mor de su Director, un franquista convencido, muy buena persona en el fondo.

Los compañeros le preguntabamos cosas que para nosotros entonces resultaban absolutamente incomprensibles (8-12 años) ¿Pero creeis en Dios y no en la Virgen Maria?..."Están locos estos judios", decíamos a la manera de Obelix con los romanos. Y cuando un crio escupia a otro la frase definitiva era: "No escupas que pareces un judio" que no tenía connotaciones racistas, ni mi comañero si lo escuchaba se daba por aludido.

Cosas de los recuerdo que me ha traído este Gus y el "Ogbuar les enfans". Por cierto, cuando nominaron "Mujeres al borde de un ataque de nervios" para los Oscar, Pedro Almodovar dijo que no tenía muchas posibilidades por que la película "Adios muchachos" era muy buena, cosa que está muy bien reconocer si no hubiera sido porque la peli de Malle ya había competido a mejor peli de habla no inglesa el año anterior perdiendo ante "El festín de Babette", (compitiendo contra ellos una de las peores pelis de Garci que recuerdo "Asignatra aprobada"). De la misma forma Pedrito cayó ante "Pelle el conquistador".

También jugaba al futbol en los recreos del colegio....pero ahora no es el momento de traer recuerdos de ese deporte.

Abrazos con repasito