martes, 2 de febrero de 2016

Gus mornins, 2/02/16

Guuud mornins, cinéfilos.

Martes 2 de febrero. Pues sí, hoy seguimos recordando aquellos maravillosos años en los que aún no nos invitaban a las entregas de los goya (hoy tampoco la verdad, pero ya tenemos el suficiente morro para colarnos en ellas). Y ya sabéis que este año no estamos repasando la gala actual sino que estamos haciendo un breve recorrido por la pequeña historia de los premios. O sea que no nos importa nada si ganará algún premio Leticia Dolera, o si finalmente le dolerá a Leticia que su marido esté tan ocupado esta semana recibiendo a los políticos que apenas le dedique tiempo a ella.
Sea como fuere hoy nos adentramos en la maravillosa década de los noventa que se abrió con el triunfo de “El sueño del mono loco”, el debut de Fernando Trueba en el cine de artes marciales y kung fu. Ese año Jorge Sanz ganó el premio al mejor actor por interpretar a un pivot de 2.20 en la película “Si te dicen que el cai no se clasificó para la copa del rey de baloncesto vas y no te lo crees”. Al año siguiente el triunfo fue para “Ay, Carmena”, una disparatada comedia familiar ambientada durante una Noche de Reyes (ver mosaico). Andrés Pajares ganaba el Goya al mejor actor por irse al bingo con Gabino Diego y Carmen Maura se hacía con el premio a la mejor actriz por hacer de tía buena que enseña las tetas. La cosa cambió al año siguiente y ganó un drama, “Amantes” que contaba con una excepcional banda sonora a cargo de Miguel Bosé que es pensar en ella y ponerme a tararear (corazón, corazón malheridoooo). Bien es verdad que aquel año la que más premios se llevó fue “El rey pasmado” entre ellos los de mejores actores secundarios para Iñaki Urdangarín y su esposa (claro que como no los declararon a Hacienda, los tuvieron que devolver y se los quedaron Quique Camoiras y Lina Canalejas respectivamente).
“Belle epoque” fue la gran triunfadora en el 93. Fijaos en cómo es el tiempo de cruel. Fijaos por ejemplo en una de sus actrices, Miriam Díaz Aroca, de tocar la gloria de Jolibu con la mano a prologar librachos del tres al cuarto que no le interesan a nadie. Berlanga nos demostró al año siguiente que como futurólogo tenía los días contados, pero no días contados fue la que ganó al año siguiente. La de Berlanga era “Todos a la cárcel” que ya ves tú.
Pasamos a hablar ahora de la ganadora del 95 y menos mal que ni Pilar Bardem ni Victoria Abril la han palmado todavía porque si no no podríamos hablar de la película que ganó. En el 96 ganó “Tesis”, la que hizo Amenábar para celebrar que se había sacado la carrera de Medicina (no como Garci que se quedó en tercero).
Y yo casi que me voy a quedar también aquí que estoy exhausto de tanto decir chorradas. Os dejo con otro gran tema de esa banda sonora excepcional de la novia. Y si ayer descubríamos las dudas que asaltaban al novio antes de la boda, hoy vemos cómo también la novia no lo tenía tan claro. Es más, tenía muy claro que a ella todo esto ni le iba ni le venía. Con este temazo con el que además sabemos que las novias, y las novias ricas también lloran.

YO NO ME CASO, COMPADRE
Verónica Castro

No senor, yo no me casaré
Así le digo al cura, así le digo al juez
No senor yo no me casaré
Estoy enamorado
Pero me aguantaré

Yo no me caso compadre querido
Porque la vida es puro vacilón
No ped hallar el amor consentido
Que sea la dicha de mi corazón

Por esto quero pensar un poquito
Pa' no meter las cuatro patas
De un jalón

Al encontrarme un amor
Le digo véngase usted
Y al rato digo pos' no
No, no se puede

Y si me quero amarrar
Le digo yo no podré
Mejor se busca por ai
Otro querer





EL MOSAICO DE HOY


1 comentario:

CARPET_WALLY dijo...

Pues sí, qué tiempos aquellos años y que noches las de aquellos días. Es cierto que no estábamos acreditados, ni invitados, pero para los profesionales del periodismo de investigación como Mark Ruffalo o nosotros no hay inconveniente que no sepamos sortear. Recuerdo que nos buscábamos todos los trucos posibles, un año nos contrataron como camareros del coctel, otros como acomodadores, yo lo puse en mi currículo: “Guion en la ceremonia de los Goya”, por aquello de que guiaba a la gente hasta su localidad u asiento, pero lo tuve que quitar porque al llegar a esa línea tiraban mi curriculum a la basura sin darme tiempo a explicarme. La verdad es que aquellos años fueron excelentes porque por lo menos nos sacábamos unos durillos comentando los pormenores de la gala, Cortogramas no nos pagaba un duro, pero al menos cobrábamos por el curro que nos servía de tapadera.
En 1989 se incluyó por primera vez el premio al mejor director novel (que quiere decir novato, no inventor de la dinamita que eso es en sueco). Lo ganó Ana Diez que luego tuvo una fulgurante carrera...bueno que hace running por las tardes, quiero decir. Fue por aquel entonces que yo quedé prendado de otra candidata a ese premio, una mujer atractiva, tímida, que apenas habla y con un look de lo más despampanante, Isabel Coixet. Tuve que consolarla tras no lograr la ansiada estatuilla (esa epíteto nuca antes se dijo, creo), lloraba porque con pocas palabras, no más de 200.000, me intentaba explicar que lo de “Demasiado viejo para morir joven” era en verdad una paradoja que jugaba con el concepto tiempo y la desubicación personal en un momento de gran importancia emocional. Le aconsejé que siguiera por ese camino y que lo explicase mejor en futuras producciones, reduciendo las elipsis y los silencios y aplicándose a la concreción de conceptos que podían ser demasiado habituales para la mayoría del público. Creo que siguió mi consejo, se volvió a casa en taxi.
Al año siguiente ese mismo premio lo ganó Rosa Vergés demostrando que la Academia tenía un ojo clínico para descubrir talentos de largo recorrido. Luego ya premiaron a Juanma Bajo Ulloa, a Julio Medem, a Mariano Barroso, a Amenabar y el premio dejó de tener un peso real para incluirte en las listas de parados de larga duración.
Lo que si es cierto es que se dieron cuenta de que las galas eran demasiado serias y que merecía la pena aportar algo de espectáculo a la conducción, por eso pensaron que lo mejor sería que la presentación corriera a cargo de profesionales con una comicidad demostrada. A la Academia le pareció que Marte y trece, Cruz y Raya, Los Morancos o Faemino y Cansado eran parejas con un sentido del humor ideal para este tipo de eventos, así que le encargaron dirigir la gala a Lidia Bosch y Jorge Sanz (unos cachondos), a Aitana Sanchez Gijón y José Coronado (superocurrentes y divertidos). Como todavía había gente a la que esa comicidad le parecía poca, se lo encargaron a Imanol Arias y ahí sí que ya la gente se tiraba por los suelos desternillándose.

En fin, eran otros tiempos en los que no se hablaba del IVA cultural porque nadie sabía que era eso aunque Aznar estaba a punto de llegar y probablemente ya “estaba trabajando en ellooouu”.

Abrazos memorísticos